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El cocainómano mentiroso o la mentira en el adicto

Uno de los mayores problemas a nivel social es el llamado “ cocainómano mentiroso “: la aparición de cambios en la conducta del consumidor, que engaña a su círculo social y sus allegados para continuar su consumo.

El por qué del cocainómano mentiroso

Los efectos del consumo de cocaína en la salud física y psicológica del usuario están más que documentados.  En particular, el tema de la mentira en los usuarios dependientes de cocaína ha sido ampliamente estudiado por psicólogos y psiquiatras expertos en adicciones. En este sentido, es necesario diferenciar entre la mentira y el autoengaño en una persona dependiente.

Por un lado, el usuario utiliza la mentira con la intencionalidad de ocultar su consumo de cocaína a las personas que le rodean. De este modo, el adicto miente a sus amigos y familia para poder continuar consumiendo, evitando recibir sensaciones negativas de su entorno afectivo.

Así, la mentira es utilizada para evitar la confrontación con las personas que tratan implementar los medios para que el adicto abandone su consumo. Rebajar la importancia de su problema o asegurar que ya no consume son solo algunas de las mentiras que una persona dependiente puede utilizar.

Además, el adicto encontrará otro uso de la mentira: eliminar el sentimiento de vergüenza. En estos casos, la persona consumidora reconoce que tiene un problema pero, tras tratar de solucionarlo, recae. Desengancharse de la cocaína supone un proceso complejo y muy dificultoso sin ayuda profesional. Ante su fracaso, el adicto siente vergüenza y culpa por fallar a las personas que colaboran con él, lo cual le impulsa por un lado a mentirles y, por otro, a continuar consumiendo con el fin de aliviar su malestar.

 

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El autoengaño en el cocainómano

Otro de los comportamientos que detectan los allegados al cocainómano mentiroso es el autoengaño. No obstante, esta es una conducta compleja, que conviene analizar con la ayuda de profesionales.

En primer lugar, la persona no es consciente de estar engañándose a sí misma. Esta expresión implica una contradicción: si la persona supiera que se está engañando, no podría al mismo tiempo decir que no sabe que se engaña. Por lo tanto, el adicto hace un trabajo de olvido de forma inconsciente, que le es imposible controlar de forma directa y sin ayuda profesional.

En este caso, lo correcto es asimilar que en el paciente surge una resistencia a reconocer que tiene una adicción. Las personas consumidoras de cocaina mantienen una serie de creencias, entre las que destaca la idea de que, mediante la voluntad, todo lo relacionado con el cuerpo puede ser dominado. Desde esta perspectiva, lo que los demás ven como autoengaño se convierte en una creencia para el usuario: el paciente no entra en contradiccion consigo mismo, sino que sus acciones y mentiras derivan de su creencia.

Mientras la creencia no sea desmontada, serán los otros los que pensarán que el adicto miente para evitar enfrentarse a la realidad construyendo ficciones alternativas donde las drogas son parte de la solución a sus problemas.

Una de estas ficciones es la falacia de autocontrol: el usuario cree firmemente que “controla su consumo”, y continúa negando el problema de las drogas pensando que puede alcanzar un consumo responsable o moderado o dejar de consumir cuando él lo considere necesario.

Por lo tanto, se hace vital el acceso a la psicoterapia profesional, que ayude al usuario a desmontar la ficción creada por su adicción y reconectar con la realidad y su círculo más cercano.

 

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