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Efectos del alcohol en el cerebro, sistema nervioso, digestivo y circulatorio

La mayoría de las veces, beber alcohol se percibe como acto inocente e inocuo, sin embargo, unas copas de más pueden convertirse en un problema para muchas personas que desarrollan dependencia. En este artículo repasamos los distintos efectos del alcohol en el cuerpo, desde el sistema nervioso, el cerebro, el sistema circulatorio, el corazón o el sistema digestivo. 

¿Qué le pasa al cuerpo cuando se bebe alcohol?

Cuando se ingiere alcohol, tarda a llegar al torrente sanguíneo entre 30 y 90 minutos. Disminuyen los azúcares presentes en la circulación sanguínea, lo que se puede manifestar como sensación de debilidad y agotamiento físico. Esto sucede porque el alcohol acelera la transformación de la sustancia (el glucógeno) encargada de almacenar el azúcar en el hígado en glucosa, que se elimina más rápido, provocando la sensación de debilidad.

Otra consecuencia es la deshidratación, el dolor de cabeza y malestar general que se conoce como resaca. Esto ocurre porque el alcohol inhibe la vasopresina, la hormona cuya función es mantener el balance de los líquidos del cuerpo, para ello puede ordenar que el cuerpo reabsorba el agua del riñón. Si la función de esta hormona falla, entonces el cuerpo empezará a demandar agua de otros órganos. Como resultado, las membranas que cubren en cerebro, y que llamamos meninges, pierden agua y aparece el dolor de cabeza.

 

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Efectos del alcohol en el cuerpo

El alcohol (de forma específica el etanol) es una potente droga psicoactiva que provoca una larga lista de efectos secundarios que a la larga afectan gravemente al organismo.

Inicialmente afecta al cerebro y al sistema nervioso. Sin embargo, en la medida que el consumo excesivo se hace más regular pueden verse afectados prácticamente todos los órganos de nuestro cuerpo: estómago, hígado, páncreas, sistema circulatorio, al corazón, incluso también puede verse afectado el sistema inmunitario. 

La duración del alcohol en el cuerpo varia según la cantidad que se ha tomado, pero el cuerpo puede necesitar hasta un día entero para terminar de metabolizar todo el alcohol.

Efectos del alcohol en el sistema nervioso y cerebro:

Un consumo agudo de alcohol afectará a las funciones cerebrales, empezando por:

  • Las emociones
  • La capacidad de pensamiento 
  • El juicio

Si tras sentir esos efectos se sigue bebiendo, se ve afectado el control motor manifestándose en:

  • El habla
  • La falta de equilibrio 
  • La lentitud en las reacciones

El consumo de alcohol puede dañar las células cerebrales y los nervios periféricos de un modo irreversible. También favorece la disminución de vitamina B1 que provoca una enfermedad caracterizada por las alteraciones de sentimientos, pensamientos y memoria. Se trata de la enfermedad de Wernicke-Korsakoff. Las personas que la sufren confunden la realidad con sus invenciones. 

Efectos del alcohol en el sistema circulatorio y corazón

Los efectos del alcohol en el corazón se caracterizan por:

  • Un aumento de la actividad cardíaca
  • La vasodilatación periférica

Las consecuencias de estos efectos podrían desencadenar en los siguientes puntos:

  • Enrojecimiento de la piel
  • Presión sanguínea, lo que puede provocar daño en el músculo cardíaco.

Los efectos del alcohol en el sistema circulatorio pueden desembocar en hemorragia cerebral e ictus isquémico. 

Efectos del alcohol en el sistema digestivo

El etanol produce erosiones en las mucosas, lo que aumenta la sensación de malestar estomacal. El ardor es mayor en la medida en que se mezclen diferentes bebidas. El aumento de ácido gástrico, además de irritar el estómago, puede provocar úlceras, hemorragias y, en los casos más graves, perforaciones de la pared gástrica. La esofagitis, pancreatitis y diabetes tipo II también pueden estar provocadas por el abuso de las bebidas alcohólicas; así como hepatitis y cirrosis.

El alcohol puede causar dependencia

Para la mayoría de la gente, tomar una copa de vez en cuando no tiene por qué tener consecuencias graves. Sin embargo, dado que es una sustancia que puede crear adicción es posible que con el tiempo pueda aparece en algunas personas una necesidad imperiosa de beber y entren en la etapa de dependencia al alcohol. 

Esta dependencia puede ser psicológica y física. Se asocia con la pérdida del control sobre las bebidas alcohólicas; es decir, cuando se empieza a beber ya no se puede parar. Los adictos al alcohol llegan a ocultarse y a mentir para seguir bebiendo. Si llevan horas sin ingerir alcohol aparecen náuseas, ansiedad, temblor en las manos y sudoración, que desaparece tras volver a tomar alguna cantidad de alcohol.

 

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